Metamorfosis Documentation Project

TINKUS

En mayo del 2007 documentamos Tinkus en Macha, Bolivia.

Al madurar los cultivos en el norte de Potosí, las comunidades aymaras saben que es tiempo de agradecer a la Pachamama (Madre Tierra) y pedirle cosechas abundantes para el futuro.

Estas comunidades, llamadas ayllus, son las unidades políticas y sociales básicas de las sociedades andinas originarias. Son comunidades de familias extendidas; como círculos concéntricos se expanden a partir de una sola familia hasta llegar a grandes ayllus, conjuntos de comunidades. Estas comunidades de campesinos cultivan maíz, papas, cereales y legumbres y tienen llamas, ovejas, cabras y ganado que diariamente necesitan sacar a pastar y traerles de vuelta a los corrales al atardecer. Acostumbran trabajar hasta catorce horas al día.

En el Gran Ayllu de Macha, todos sus ayllus menores se reúnen para una danza / sacrificio ceremonial, una batalla, un "encuentro": Tinkus. Es una batalla ritual con el propósito de derramar sangre humana en ofrenda a la Pachamama como pago, para asegurar futuras cosechas y abundante lluvia para el beneficio de todos. Esta antigua ceremonia pre-incaica fue adoptada por los Inca, influenciada en la época colonial por el cristianismo y la cultura europea, y en el día de hoy por la cultura moderna y pos-moderna. Esta fusión y la superposición de las distintas influencias es evidente en su forma actual, tradicional, colonial y contemporánea.

Tinkus se celebra el tres de mayo, el Día de la Cruz. Sirve varios propósitos. Crea y regenera el universo aymara, sus creencias y sus tradiciones a través de una serie de sacrificios y ofrendas a la Pachamama. En esta ceremonia de tres días de duración los participantes ofrecen su sangre, riqueza, danza y privaciones.

Las ceremonias comienzan en cada ayllu menor, dos días antes de la ceremonia de Tinkus. Documentamos las pre-ceremonias en Yocona Centro, que forma parte del Ayllu de Uluchi, del Gran Ayllu de Macha. Cada año, en cada ayllu menor, una familia es elegida para patrocinar la fiesta de su comunidad. El jefe de la familia patrocinadora es el Pasante, y está a cargo de las celebraciones y es responsable del santo patrón de la comunidad. El santo patrón de cada ayllu menor es el Taita Santa Vera Cruz (Padre Verdadera Santa Cruz), una cruz de madera con una cabeza como la de Cristo, sin cuerpo, y con el casco y prendas de vestir tradicionales del Tinkus. Los sacerdotes católicos introdujeron esta cruz, desprovista del cuerpo sacrificado de Cristo, a fin de no promover a los sacrificios humanos.

Durante la ceremonia de tres días los participantes veneran estas cruces, bailan con ellas y las llevan a todos los rituales y ceremonias. En la casa del Pasante, casi simultáneamente en todos los ayllus del municipio, las ceremonias comienzan con el anuncio de las fiestas: dos explosiones de dinamita en las cercanías de la casa.

Mientras que las personas poco a poco se reúnen, empiezan los preparativos para la ceremonia. Las mujeres se reúnen fuera de los muros del patio interior alrededor de un fuego a preparar la comida para la fiesta, pelando grandes cantidades de papas. Los hombres limpian el patio interior, tocan charangos (instrumento de cuerdas pequeño), traen las llamas destinadas al sacrificio a un corral cercano, destapan las grandes ollas de cerámica, donde la chicha (cerveza de grano) fue elaborada y preparan el pequeño altar de piedra en el patio. Al ponerse el sol se inicia la Challa, el consumo ritual de la chicha, el presentar ofrendas en el altar y el compartir de la hoja sagrada de coca.

Como es costumbre en las culturas andinas, cada vez que se ofrece una bebida alcohólica a una persona, esa se la ofrece a la Pachamama, derramando unas gotas en el piso, lo que refuerza la creencia en la reciprocidad y el intenso vínculo con la Madre Tierra . En que el patio se empape de las ofrendas de chicha, sacrifican las llamas, con la sangre fluyendo de sus cuellos directamente sobre el suelo. Se dice que las llamas se sacrifican para que la Pachamama quede complacida y salve las vidas de los seres humanos en el Tinkus.

Dos llamas son sacrificadas, una negra y una blanca, un macho y una hembra, enfatizando la dualidad que es intrínseca en la cosmovisión andina. Mientras que las llamas están sangrando en el piso, las tapan, el macho con un poncho, la hembra con una manta bordada. Luego de sangradas, dos grupos de hombres, con la ayuda de varias mujeres y niños, ejecutan el ritual de desollar y eviscerar las llamas. La carne se prepara para la cocina, el corazón y el hígado se hierven por separado. Mientras tanto, siguen las ceremonias. La esposa del Pasante recoge con sus manos sangre caliente de la herida en el cuello de una de las llamas, y la pasa por las mejillas de los rostros de todos los presentes, una protección contra el mal. Además, uno de los hombres que había estado desollando una de las llamas toma la piel y en broma trata de ponerla en las espaldas de los demás participantes de la ceremonia, como si fuera una capa (reminiscente en cierta forma de Xipe Totec de los aztecas, donde un sacerdote viste la piel de un Teotl Ixiptla [personificador de Dios] sacrificado). Cuando los corazones y los hígados de las llamas se han hervido, se cortan en trozos pequeños, y uno de los ancianos los distribuye a todos los presentes, de mano en mano, a ser consumido como una bendición.

El sonido de las jula julas (flautas de carrizo) señala el comienzo de la danza, que continuará durante toda la noche, intercalada a intervalos frecuentes con hombres pasando chicha y mujeres pasando guiso de llama a todos presentes. El consumo ritual de chicha durante los tres días de las ceremonias tiene un costo enorme para los participantes, y la recuperación toma varias semanas. Es importante darse cuenta de que todo el consumo de chicha, la borrachera, no es agradable y es, de en efecto, un sacrificio. Otro aspecto del sacrificio es la ofrenda de la danza, casi sin descanso durante los tres días; todas estas ofrendas con el mismo sentido de responsabilidad y reciprocidad hacía la Madre Tierra.

La iglesia católica, como lo ha hecho durante siglos, trata de suprimir estas ceremonias, y es común que el sacerdote envié amenazas a las comunidades. Estas amenazas se han intensificado desde que un nuevo sacerdote indígena llegó a la parroquia de Macha. También es notable que este sacerdote alquila camas en los viejos dormitorios de la iglesia a los grupos de turistas que llegan al Tinkus. En nuestra estadía en la comunidad de Yocona Centro, los rituales fueron interrumpidos por la lectura de una carta enviada por el sacerdote a la comunidad. El sacerdote amenazó con una multa de 500 bolivianos (un mes de salario) a cada persona que asistiera al Tinkus. También amenazó con dejar de venir a la iglesia de la comunidad para celebrar misa, bautismos o bodas. Después de muchas discusiones a intervalos durante la noche, la comunidad decidió que los valores tradicionales y su vínculo con la Pachamama son más importantes que las amenazas del sacerdote. Que sepamos, el sacerdote no cumplió con sus amenazas.

Las comunidades bailan toda la noche en círculos en los patios de las casas de los ayllus menores. Mezclan diferentes pasos de baile, todos alegóricos de anfibios y reptiles: El Sapo, La Serpiente, La Salamandra, El Lagarto. Al día siguiente y sin descansar, los habitantes de todos los ayllus menores caminan y danzan hacia su ayllu mayor. Se reúnen alrededor de la iglesia y danzan la mayor parte del día. Por la tarde, después de la misa durante la cual las cruces se bendicen, las parejas se casan y los niños son bautizados, caminan y danzan, algunos de ellos toda la noche, para llegar la mañana siguiente a Macha para la Tinkus.
El espacio ritual se crea y se recrea desde las más pequeñas de las comunidades, a los ayllus mayores y, finalmente, en el pueblo principal de Macha, el Gran Ayllu. A través de este encuentro renuevan su universo y sus relaciones, resuelven los conflictos y refuerzan los lazos entre las comunidades.

El pueblo de Macha se encuentra en la provincia de Chayanta, en el municipio de Colquechaca, en el norte del departamento de Potosí. Con una población de cerca de seiscientas personas, durante el Tinkus se reúnen en el pueblo de cuatro a seis mil personas. En los tiempos pre-incaicos esta zona era un señorío o reino aymara conocido como Qaraqara. El lugar donde se encuentran la iglesia de Macha y la plaza era una antigua "Waca" o lugar ceremonial sagrado. Los habitantes de esta región eran miembros de sociedades guerreras, y cuando los Inca colonizaron el área reclutaron a los hombres para el ejército inca. Se dice que los mejores guerreros de esta zona fueron los guardias personales del Inca, y escogidos de los mejores luchadores del Tinkus. En particular, la primera rebelión indígena contra el dominio español en Bolivia fue dirigida por Tomás Katari, un nativo de Macha.

Cuando los distintos Ayllus entran al centro de Macha, bailan en círculos en las cuatro esquinas de la plaza. Esta danza se repite una y otra vez por diferentes grupos en diferentes momentos durante todo el día y la noche, creando y recreando el espacio ritual.
Una vez que han ejecutado algunas de estas danzas circulares en ambas direcciones, los grupos rompen filas, y como un pelotón bailan / marchan hacia la próxima esquina donde la danza se ejecuta una vez más. El rodear la plaza constantemente, el centro de la ceremonia, con el sonido hipnótico de las jula julas, el alcohol y el cansancio de los ya dos días de bailar y no dormir transportan a los participantes a un estado de conciencia alterado que les prepara para el máximo sacrificio, su sangre.

De vez en cuando durante el dia, siguiendo las formas tradicionales y bajo la atenta vigilancia de la policía militar, se crean canchas, espacios vacíos entre la multitud, donde los participantes de dos comunidades se desafían y pelean a puñetazos. Mientras tanto, el resto de las comunidades siguen bailando esquina a esquina, alrededor de la plaza.
Tanto los hombres como las mujeres luchan en esta ceremonia, mano a mano, uno a uno, hombre a hombre, o mujer a mujer. Estos actos violentos tienen un efecto de crear vínculos en la comunidad en general; sirven para resolver las controversias, y los lazos entre distintas familias se ven reforzados por el honor de haber luchado entre sí. Este acto de violencia está desprovista de la ira y el odio, es violencia sagrada, altruista.

Ocurre naturalmente al principio. Una persona de una comunidad desafiá a alguien de otra comunidad, y, después de los capitanes y la policía militar acordar en que es un encuentro justo, los luchadores se dan la mano, se abrazan y empiezan a golpearse uno a otro en la cara, sus movimientos una danza ritual. La lucha continua hasta que uno de los contendientes caiga al suelo, o sangre profusamente, o no pueda luchar más. Las mujeres y los capitanes, con sus látigos, detienen la pelea. El papel de los capitanes es evitar que los participantes peleen fuera del protocolo establecido. Después de la pelea los luchadores se dan la mano y se abrazan nuevamente.

Hasta hace poco, se luchaba con cascos y guantes de cuero duro (a veces con fragmentos de metal cosidos en ellos) o con piedras atadas a sus manos, para asegurar suficiente sangre como ofrenda del sacrificio. Hoy en día, con la presencia de la policía militar en la ciudad para evitar víctimas (tres personas mueren, en promedio, cada año), ya no se permite pelear con guantes ni se les permite atar rocas en sus manos. Como resultado, el uso de los cascos de protección está disminuyendo en popularidad, y se está cambiando la apariencia visual de la danza. Se dice que en tiempos antiguos un Tinkus no se consideraba exitoso a menos que como mínimo una persona muriera. Con la prohibición de los sacrificios humanos decretado por el gobierno, cuando muere alguien en el Tinkus, entierran el cuerpo en secreto durante la noche.
Esta intrusión de la policía militar está causando que la danza evolucione en otras maneras; más y más las peleas se llevan a cabo en las calles laterales y cerca de la orilla del río, lejos de la policía - y, por desgracia, lejos del centro ceremonial de la plaza.

Llega un momento en la ceremonia de Tinkus cuando la lucha se convierte en un frenesí, en una lucha generalizada, comunidad contra comunidad, y no uno contra otro. Llamado Tinkus Cha'jua, esta pelea es más peligrosa. Los capitanes pierden el control, y las personas pueden sufrir lesiones graves. Por lo general, ocurre al final de la tarde, y la policía militar responde utilizando gases lacrimógenos para separar a las multitudes de luchadores.
La ceremonia continúa todo el día y toda la noche. La mañana siguiente algunas personas siguen dando vueltas a la plaza, dando tumbos en su intento de bailar con el mismo brío que el día anterior. Después de que todo ha terminado, todos comienzan el largo camino de regreso a sus hogares. Algunos ayllus quedan a veinte o más kilómetros de Macha, y algunas personas, cansadas de los tres días de danza, bebida y lucha, se quedan dormidas al lado de la carretera.

De vuelta en sus ayllus, cada comunidad elige un nuevo Pasante, y la Cruz se pasa a él (de ahí el nombre Pasante) para que la cuide hasta el Tinkus del próximo año. Los miembros de la comunidad reanudan su rutina diaria de arduo trabajo, conscientes que cumplieron con su deber a la Pachamama, y que la existencia está garantizada por un año más.

© Armando Espinosa Prieto.

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